18 de agosto de 2010 (Gabo.com.ar)

GABO entrevistó a Santos Beck, quien además de ser uno de nuestros más afamados wine makers, es un gran conocedor de la industria del vino. Los invitamos entonces a compartir sus reflexiones sobre las enormes posiblidades de desarrollo que tiene el vino argentino

 

¿Cuál es su visión del estado actual de la industria del vino en Argentina?

- La situación de la industria argentina en el contexto del país creo que es muy positiva. Y digo positiva no solo por ser optimista, sino porque el vino argentino se ha posicionado en el mundo y a pasado a ser un vino preferido en muchos mercados, especialmente en el de los Estados Unidos.

¿Cómo ha sido el crecimiento en los últimos tiempos? ¿Qué factores cree que influyeron?

- En el 2000, cuando estábamos todavía en la época del 1 a 1, (y esto demuestra que cada crisis tiene sus beneficios), tuvimos la posibilidad de invertir en tecnología, pero con ese valor del dólar no éramos competitivos por el tipo de cambio. Nosotros competíamos contra países del primer mundo, pero era muy difícil posicionarse en mercados internacionales ya que teníamos un valor con el cual no podíamos entrar. 
Durante muchos años tuvimos un mercado interno muy fuerte, y prácticamente desde al año 99 a la fecha ha habido una constante evolución de nuestros productos. Luego se sucedieron muchas cosas, como dije antes la inversion en el 1 a 1, luego llegó la crisis y finalmente la época de crecimiento con un tipo de cambio muy beneficioso, lo cual nos permitió tener una renta muy favorable.

También contamos con el Malbec, ¿sólo con ese varietal podemos llegar a los mercados o crée también que hay buena posibilidades para otros vinos?

- Creo que está muy bien que el Malbec sea la bandera de argentina en el mundo, pero considero que en nuestro país tenemos una gran diversidad, y sin dudas que hay muchas posibilidades para otros vinos también. Mirá cómo habrá evolucionado el mercado que durante muchos años el público consumió marcas básicamente. Esas marcas estaban centralizadas en 5 o 6 familias. Ellos decían, hacemos este vino y tenés que tomar este vino. La gente buscaba entonces vinos de marca, según su gusto y según las particularidades de cada uno se esos vinos.

Sin embargo el consumo anual per cápita de vinos ha caído en nuestro país ¿cómo se explica eso?

- Efectivamente, en los 80 se tomaban 90 litros de vino per cápita en la argentina. Hoy estamos en un promedio de 30, pero son vinos de otra calidad, de otra estirpe. Si vos te imaginás que la gente conocía 5 o 6 marcas y que hoy tiene una posibilidad mucho más amplia, notamos que ha crecido la oferta, pero no en la misma proporción la demanda. Esto creo que se da porque no ha habido la información adecuada, si bien es bueno reconocer que existen muchos medios que le dan importancia a la temática del vino.

¿Hasta dónde podrán crecer nuestros vinos en el mundo? ¿Es el vino argentino conocido y reconocido en muchos mercados?

- Hay mucha gente en argentina, inclusive colegas, que no conocen  por ejemplo el Valle del Pedernal, y allí es donde se hace la uva más cara de la argentina. Nosotros elaboramos vinos en San Juan y en Mendoza y es increíble que haya gente que no conozca los valles que hay en la provincia de San Juan cada uno con sus propias características. ¿A qué voy con esto?  Si lo llevamos a nivel global, mucha gente no sabe donde está ubicada la Argentina, y menos donde está Mendoza. Por eso considero que las posibilidades que tiene la Argentina de mostrarse al mundo son muchísimas hoy, y eso es lo que tenemos que explotar.

¿Recibe algún tipo de apoyo la industria del vino?

- Nosotros tenemos una herramienta que no tiene ningún otro sector productivo en la argentina que es el PEVI (http://www.inv.gov.ar/pevi.php) Ese plan estratégico es el que propone exportar entre 2000 y 2500 millones de dolares, apuntando a que consigamos el 10% de la producción mundial del vino. No es poca cosa. Si Mendoza es el 60% del mercado local, sería el 6% del mercado mundial, San Juan podría ser un 3 o un 4% del mercado mundial, y eso es muy importante.
De todas maneras considero que el esfuerzo mayor lo han hecho los bodegueros sin mucho apoyo del gobierno. Tenemos que solucionar el problema argentino a largo plazo que es tener góndolas en el mundo. Pero todavía no veo a ningún embajador en el mundo que esté vendiendo vino y carne argentina.
Es un esfuerzo muy grande abrir mercados, pero es muy fácil cerrarlos, tenemos que ser un país previsible, un país que tenga un plan de crecimiento y de inversión a largo plazo, eso nos va a permitir ser mas fuertes. Con cierto apoyo de la s instituciones sí, como por ejemplo la Fundación Exportar, pero el gran esfuerzo lo hicieron los productores.

¿Qué nos falta entonces para seguir escalando posiciones a nivel mundial?

- El hombre lleva 9000 años haciendo vinos, es una bebida que tiene connotaciones bíblicas, que ha estado en guerras, en batallas… no es una bebida cola o una gaseosa, o un energizante, el vino es una bebida cultural. Y por suerte ahora en la Argentina se está dando el cambio que tenemos que dar: un cambio cultural.

Francia e Italia por ejemplo, llevan cientos de años haciendo vinos de calidad, pero vas a un pueblo, y a otro, y en cada uno de ellos les decís,  “quiero el mejor vino de Italia” y te dicen ¡éste es el mejor vino de Italia! Y cuando le comentás que en el anterior pueblo te dijeron que era uno de ellos el mejor, allí te lo critican. Eso es amor a su tierra, es el regionalismo, el respeto a lo que es la tradición de cada lugar. Acá tenemos un montón de regiones increíbles, y sería bueno que empezaramos a reconocer los vinos por región y no tanto por marcas, Qué bueno sería que alguien dijera que quiere tomar un Malbec de Mendoza, o de zonas altas, o de la Patagonia, o que le gustan los Syrah de zonas cálidas o de zonas frías. Qué bueno sería que pensaran en regiones no en marcas Saber que en esa región hay una expresión determinada de esas variedades que componen esos vinos. A ese cambio cultural considero que tenemos que apuntar. ¡Cuánto nos falta en profundizar nuestros conocimientos respecto al vino para después mostrárselo al mundo! Muchas empresas se han ocupado para comunicar el vino argentino, y es muy importante recordar que el vino te ayuda a conocer las regiones de tu país, las

¿Qué posibilidades le ve a la industria del turismo asociado con el vino?

- Hay algunos caminos del vino, hay un turismo que está creciendo pero todavía falta mucho desarrollo.  La región de Toscana en Italia, por ejemplo, facturó en turismo enológico en 2008 nada menos que 1.400 millones de dólares. Estamos hablando de hotelería, de spas, de resorts, ventas de vino al turista, y todo lo referido solamente al turismo enológico.
Es un excelente negocio, pero también falta trabajar en turismo fino, turismo de alto nivel, y también hay otras fases del turismo a explotar.

Cuéntenos acerca de su historia personal como wine maker en Cavas de Santos (www.cavasdesantos.com.ar), su caso es bien distinto al de muchos productores...

-Exacto, nosotros no venimos de familia de productores, no tengo ningún abuelo que vino en barco y que se instaló en Mendoza o San Juan a producir vinos. Yo vengo de la ingeniería, de la industria pesada, del petróleo, y comencé con este proyecto de hacer vinos en el año 94. Básicamente tenía mis empresas en esa área industrial y el hobby por los vinos lo alimentaba de otra manera, ya que colecciono vinos desde muy chico. Posteriormente el hobby se convirtió en algo cada vez más pasional. Pero el vino siempre me gustó, tuve la suerte de aprender de la industria en Europa, inicialmente por el simple hecho de poder aprender más y disfrutar más.

Y precisamente como consumidor sentía que faltaba algo. Había pocas bodegas que tenían prácticamente todo el mercado y veía que faltaba otra cosa. Allá por el año 96,  97,  vendía las producciones chiquitas a colegas. Cada una de esas partidas chicas que producía representaba un terruño alta calidad, y las vendía porque la gente sabía que me apasionaba el vino y que hacia una partida de calidad para vender prferentemente a los amigos. Y hasta el día de hoy mantengo un mandamiento fundamental: La primera regla de mis vinos es que no hay regla.
Mi idea es siempre ofrecer un alto estándar, un vino de gran nivel, pero no gartantizamos el gusto, garantizamos que es el mejor corte de Chardonnay Viognier (por ejemplo) de ese año. No importan los porcentajes o si una parte estuvo en barrica, o cuánto tiempo estuvo. Va a ser lo mejor de ese año, será lo que la planta nos quiso decir ese año.

Me siento un intérprete en ese sentido. Considero que el vino es una bebida natural, que hace siglos que se hace con mucha sabiduría, y la planta nos dice cosas con sus napas, con su microclima, nos está diciendo algo. La planta te quiere expresar algo, y vos sos el intérprete,  el que después la pone en la botella y se la da a la gente. Eso creo que es lo que hay que hacer con el vino.

Quiere decir entonces que sus vinos tienen un estilo muy particular, y que más allá de sus varietales, tiene también ese toque puntual que le da con los cortes…

- Me gusta cortar así funciona en Francia, no hay porcentajes fijos, se va logrando el mejor producto del año. Nuestro Gran Cabernet puede tener distintos cortes con distintos porcentajes, pero es un vino que apunta siempre a lograr lo mejor.

El respeto por el terroir, eso es lo que me inspira para lograr cada uno de los vinos, en particular nuestros ejemplares más emblemáticos, el Gran Malbec, y el Moscatel de Alejandría, del cual hacemos pequeñas partidas de 3200 botellas por año aproximadamente, y que tienen entre 4 años y 8 años de crianza.

El vino es una cosa viva, que nace, que evoluciona que va teniendo distintas etapas. De bebidas iguales está lleno el mundo.

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